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el moderno prometeo

Categoría: DE OVNIS Y OSNIS

23/02/2007 GMT 1

EL PRIMER LAMBAYECANO

13021966 @ 19:37

La tradición oral y la tradición histórica nos dan referencia de una leyenda de un famoso
Mítico personaje llamado Naylamp .el señor que llego de lejanas tierras .
Cuentan los naturales de Lambayeque ( junto a los demás pueblos ) que en tiempos muy antiguos que no saben numerarlos, vino de la parte septentrional de Perú, con gran flota de balsas, un padre Compañas, un hombre de mucho valor y calidad llamado Naylamp que consigo traía muchas concubinas, mas la mujer principal, dícese haberse llamado Ceterni.
Trajo en su compañía mucha gente que como capitán y caudillo lo venían siguiendo, mas los que entre ellos tenían más valor eran sus oficiales que fueron 40. Así uno fue Pita Zofi que era trompetero o Tañedor de unos grandes caracoles, que entre los indios es muy estimado, otro Ñinacola, que era el que tenía cuidado de sus andas y sillas, y otro Ñinagintue a cuyo cargo estaba la bebida de aquel Señor a manera de escanciador, otro llamado Fonga (Fongasigde) que tenía el cargo de derramar polvo de conchas marinas en la tierra que su Señor hollaba al pisar, otro Occhocalo era su cocinero, otro tenía cuidado de las unciones y color con que el Señor adornaba su rostro, a éste llamaban Xam Muchec, Allopcopoc, tenía a su cargo preparar los baños del Señor; otro principal muy estimado era Llapchillulli, encargado de labrar sus camisetas y ropa de plumas, con esta gente (y otros definidos oficiales y hombres de cuenta) tenía adornada y autorizada su persona y casa.
Este Señor Naylamp con todo su séquito vino a asentarse y tomar tierra en la boca de un río, (ahora llamado Faquisllanga) y habiendo allí dejado sus balsas entraron en tierra adentro deseosos de hacer asiento en ella, y habiendo andado por espacio de media legua fabricaron unos palacios a su manera, a los que llamaron Chot, y en esta casa y palacios pusieron con devoción bárbara un ídolo que consigo traían a semejanza del rostro de su mismo caudillo. Este era labrado en una piedra verde, a quien llamaron Llampellec (que quiere decir figura y estatua de Naylamp).
Habiendo vivido muchos años en paz y quietud esta gente y habiendo su Señor y caudillo tenido muchos hijos, vino el tiempo de su muerte, y a fin de que entendiesen sus vasallos que la muerte tenía jurisdicción sobre él, lo sepultaron escondidamente en el mismo aposento donde había vivido, y publicaron por toda la tierra, que él,. Por su misma virtud, había tomado alas y había desaparecido

21/02/2007 GMT 1

EL CASO DEL COLLAR DE LA REYNA MARIA ANTONIETA

13021966 @ 23:52

Nicolas de La Motte, escudero, servía, sin entusiasmo, como gendarme del Rey en la Compañía de los Borgoñones acuartelados en Bar-sur-Aube (Lorena) y, a favor de una declaración jurada, pudo atribuirse el título de conde. Un poco torpe, sus camaradas le apodaban "Momotte" sin que éste se molestase, pero era brillante en sociedad. Es en los círculos mundanos que se cruzó con la señorita Jeanne de Valois de Saint-Rémy, con la cual acabaría casándose. Ésta venía de más abajo pero remontaba, genealógicamente hablando, de más arriba. Sacada, gracias a la marquesa de Bougainvilliers, gran dama estimada por los Rohan, de la más negra miseria, tenía en su poder dos bazas: una audacia prodigiosa y orígenes fuera de lo común. Descendía directamente y por los varones, del rey Enrique II de Francia y de Nicole de Savigny. El autor de su linaje, Enrique I de Saint-Rémy apodado "Henri-Monsieur" (Enrique-Señor), fue legitimado y reconocido por su padre. Durante mucho tiempo, la familia había contraído honorables matrimonios hasta que Jaime II de Saint-Rémy hizo un estúpido enlace, vendió sus tierras, se hizo echar a la calle por su esposa y falleció en un hospital de la beneficencia mientras que su mujer trabajaba para un "macarra" sardo y enviaba a su hija mendigar por las calles.

Paradójicamente, un tío, Jaime I de Saint-Rémy, había servido honorablemente en la Marina Real, acabando como teniente de navío y al mando de la fregata "La Surveillante", y condecorado con la cruz de la Orden de San-Luis. Reconocido por el Sr. de La Garde d'Hozier, genealogista de la Corte, era saludado con el título y nombre de Barón de Valois, y acababa de fallecer en la Isla de Francia el 9 de mayo de 1785.

Tres meses antes del escándalo, la Condesa de La Motte vivía de pequeños socorros y, simulando un desmayo en presencia de Madame Elisabeth, hermana menor del rey Luis XVI, se había hecho conceder una pensión por la joven princesa.

Presentada al cardenal-príncipe de Rohan, había conseguido hacerle creer que estaba en el favor de la reina Maria-Antonieta.

Si éste se muestra habitualmente muy perspicaz, atestigua de una increíble ingenuidad cuando se le mantiene en una loca esperanza. Es por esa debilidad que la condesa tiene en sus garras al cardenal; se hace pasar por emisaria de la reina, falsifica cartas a nombre de ésta, escritas por su amante Marc-Antoine Rétaux de Villette, antiguo gendarme, y pide pequeños préstamos que el feliz depositario de los embarazos financieros de la reina de Francia se compromete en dar a pesar de una posición pecuniaria harto comprometida por sus titanescas obras en el Palacio de Saverne, su contribución a la extinción del descalabro financiero de su hermano el Príncipe de Rohan-Guéméné y a sus numerosas liberalidades.

Pero, cuando el cardenal solicita una audiencia con la reina, la condesa debe organizar toda una comedia para que no se descubran sus mentiras: contrata a una prostituta que hace carrera en los Jardines del Palais-Royal, Marie-Nicole Leguay, conocida por su nombre de guerra de "Señorita de Signy", y que bautiza con el título de Baronesa de Oliva, anagrama del apellido "Valois". La joven prostituta ignorará hasta el juicio el papel que interpretó como "Maria-Antonieta" a cuenta de una pseudo-condesa, cerebro de una estafa tan magistral como baja. Hasta el final creerá haberse doblegado ante la voluntad de la reina porque la condesa le había asegurado que ésta estaría detrás de ella durante la entrevista secreta con Monseñor de Rohan, en un bosquejo del parque de Versailles, la noche del 11 de agosto de 1784.

Lo que sucede entonces se desarrolla con una inusitada simplicidad. El cardenal recibe una carta de la reina Maria-Antonieta pidiéndole que sirva de intermediario en la compra de un collar de los joyeros Böhmer y Bassenge, con un precio estimado a 1.600.000 libras a pagar en un plazo de dos años con un pago inicial de 400.000 libras.

A la fecha prevista, el 1 de febrero de 1785, los señores Böhmer y Bassenge traen el famoso collar de la Reina al parisiense palacio de Rohan-Strasbourg, y la Eminencia les muestra entonces el contrato con la firma "Maria-Antonieta de Francia" (totalmente falsa por cierto). El cardenal de Rohan irá personalmente a entregar a la Condesa de La Motte-Valois el collar y, ésta, a su vez, lo remitirá ante él a un tal Desclaux, que no es más ni menos que su amante Rétaux de Villette haciéndose pasar por un agregado a la cámara y a la música de la Reina.

El 12 de febrero, un joyero parisino llamado Adam, se presenta ante el inspector de policía del barrio de Montmartre, el Señor de Brugnières, con la intención de señalarle que un tal Sr. Rétaux de Villette le ha propuesto comprar diamantes a precios demasiados bajos para que no se sospeche de dónde proceden éstos. Pesquisas e interrogatorios se suceden. La policía vigila a la condesa de La Motte-Valois pero, como no se hace eco de ninguna denuncia por robo, el asunto se queda estancado.

El susto le proporciona a la condesa una buena lección y ésta manda a su marido en Inglaterra para deshacerse de la mayoría de las piedras. En cuanto al resto, es el amante quien, una vez en Holanda, tendrá que venderlo. Con el beneficio de esas ventas, los condes de La Motte-Valois van a Bar-sur-Aube, para vivir como sátrapas.

Lo que acontece entonces es conocido de todos: el cardenal de Rohan se presenta en la Plaza de Vendôme y se limita a pagar los intereses de la deuda adquirida con los joyeros, cantidad que asciende a 35.000 libras, a la vez que enseña una supuesta carta de la Reina comprometiéndose a efectuar el pago de 700.000 libras; los joyeros disimulan mal su contrariedad ya que ellos mismos deben una fortuna al Sr. Boudard de Saint-James, tesorero de la Marina Real de Francia. Al día siguiente, Bassenge, convocado por la Condesa de La Motte-Valois, oirá de sus labios:

-"Os han engañado, el escrito de la garantía que posee el cardenal lleva una firma falsa, pero el príncipe es lo bastante rico, él os pagará!"

He aquí un golpe magistral de los estafadores que, por medio de esa denuncia, pretenden forzar al cardenal de Rohan a querer acallar el escándalo que podría estallar al dejarse engañar por una aventurera, y apremiarse en pagar a los joyeros para mantener el silencio sobre toda la estafa de la cual acababa de ser víctima y que le habría desacreditado.
Sin embargo, el asunto no toma la dirección esperada por los La Motte-Valois y el cardenal persiste, ante Böhmer y Bassenge, en su afirmación que tiene en su poder cartas de la Reina en las que ella le encargó de hacer de intermediario secreto para la compra del famoso collar. Puesto que el dinero no llega, los joyeros llevan su denuncia ante la Justicia y "el Asunto del Cardenal de Rohan" se convierte rápidamente en "el Asunto del Collar de la Reina"...

Tras presentar la pertinente denuncia ante la Justicia, y a la excepción del Conde de La Motte, todos los cómplices son inmediatamente apresados, el Cardenal de Rohan incluído, que también es encerrado en una celda aunque con mucha más comodidad que los demás.

La instrucción del caso será larga y delicada. El lunes 29 de mayo de 1786, los cautivos son llevados a La Conciergerie y comparecen el 30 ante la Cámara Alta. El procurador general del Rey, Omer Joly de Fleury, hermano del efímero controlador general de Finanzas, reclama para el conde de La Motte una ejemplar condena, para Rétaux de Villette las galeras (eso es, cadena perpétua), para la condesa de La Motte-Valois, el látigo, la marca con hierro candente sobre los hombros y el encierro de por vida en la cárcel de La Salpêtrière (cárcel de mujeres). En cuanto hacia Su Eminencia el Cardenal-Príncipe de Rohan-Guéméné, apenas se muestra más tierno: tendrá que arrepentirse y pedir el perdón real, siendo de igual modo condenado a dimitir de todos sus cargos, a dar limosna a los pobres y a mantenerse de por vida alejado de las residencias reales y, finalmente, a guardar prisión hasta la ejecución de la sentencia. Ahí, en ese punto, el abogado general Antoine Séguier, tumultuoso galicano, no habiendo sido previamente informado de las conclusiones del procurador general, osa replicarle con virulencia y se ve respondido con una hiriente réplica en plena cara:

-"Vuestra cólera, señor, no me sorprende en absoluto. Un hombre dedicando su vida al libertinaje como usted, debía necesariamente defender la causa del cardenal!"

Los acusados desfilan uno detrás de otro. La falta de vergüenza de la condesa de La Motte-Valois irá hasta provocar la indignación hasta entre los magistrados más críticos contra la Reina, por sus infames declaraciones implicando a la soberana y al príncipe.
La aparición del cardenal que es, recordemoslo, Gran Limosnero de Francia, en gran vestido violeta, color de duelo de los príncipes de la Iglesia Romana, levanta una ola de respeto hasta entre los presidentes, que se incorporan para responder a sus saludos. Su Eminencia ha comprendido cual es la extensión del escándalo y medido las consecuencias políticas tras haber largamente meditado sobre su inconsecuencia.
Marie-Nicole Leguay, alias "la Baronesa de Oliva" o "Mademoiselle de Signy", que acaba de dar a luz a un niño en su celda de La Bastilla, debe dar el pecho al recién nacido en presencia de la corte de Justicia. El padre es un honorable gentilhombre que responde al nombre de Sr. de Beausire, y que cumplirá con ella desposándola y reconociendo al niño poco después. Interrogada, contesta con lloros, se disculpa, comprende cual es el asunto en el que se halla implicada, aunque no habiendo sido más que un peón. Un sentimiento de ternura se apodera de los magistrados.
Llega finalmente, vestido con un traje de tafetán verde realzado de oro, los cabellos trenzados desde el occipital hasta los hombros, el famosísimo Conde de Cagliostro, más charlatán que conde, protegido del cardenal y oscuro aventurero. Provoca una serie de carcajadas entre los jueces mezclando su jerga de griego, latín e italiano, acompañando con gestos su viva manera, por lo menos inesperada, de defenderse de las acusaciones que pesan sobre él.

El miércoles 31 de mayo de 1786, la corte judicial emite su veredicto: Jeanne de Valois de Saint-Rémy, Condesa de La Motte-Valois, escapa por los pelos de la pena capital, aunque es condenada a ser marcada al rojo vivo con la letra "V" de ladrona (en francés, ladrona es => Voleuse) en ambos hombros, tras haber sido públicamente sometida al centenar de latigazos, y a la expiación ad vitam de su crimen en la cárcel de La Salpêtrière.
El marido, el Conde Nicolas de La Motte, tranquilamente escondido en Inglaterra, debía ser conducido a galeras.
Marc-Antoine Rétaux de Villette es simplemente expulsado de por vida del reino de Francia.
Marie-Nicole Leguay, pronto Señora de Beausire, reina de una noche, será exculpada, así como el Conde Giuseppe de Cagliostro, que será liberado pero, por orden del rey, será finalmente expulsado de Francia como persona non grata.
Para Su Eminencia, Monseñor el Cardenal-Príncipe Louis René Edouard de Rohan, obispo titular de Estrasburgo y de Canope, Gran Limosnero de Francia, Abad de Waast, de Marmoutiers y de La Chaise-Dieu, que pertenece a una de las primerísimas familias del Reino, es igualmente exculpado de toda acusación a pesar de su credulidad y de la temeraria opinión que se había hecho de la Reina, sin ser duramente reprendido, por 26 votos contra 22.

París estalla de júbilo ante la noticia, mientras que en Versailles el rey Luis XVI recibe la noticia indignado y encolerizado. A pesar de ser exculpado, el cardenal se verá, a la salida de La Bastilla, obligado a dar su dimisión de Gran Limosnero, de devolver la cinta azul de la Orden del Espíritu Santo y de retirarse, a partir del 8 de junio, en su abadía de La Chaise-Dieu pero por poco tiempo. De allí conseguirá los sucesivos permisos para trasladarse a Marmoutiers, a Estrasburgo y a Saverne, pero arrastrando su compromiso de indemnizar a los joyeros estafados Böhmer y Bassenge.

Sola, Jeanne de Valois de Saint-Rémy pagará caro su crimen: el 21 de junio de 1786, aún ignora que se le ha condenado, pero despotrica contra la exculpación del cardenal; sacada de La Conciergerie y llevada hasta las escaleras del Palacio de Justicia, la condenada rehusa arrodillarse para oír su sentencia, debatiéndose, injuriando y mordiendo a los ejecutores, haciendo llamamientos a los escasos espectadores. Convulsa de rabia y de terror, araña y propina puñetazos a diestro y siniestro,... la cuerda en el cuello, es marcada con la primera "V" en un hombro, pero se encabrita con tal violencia bajo el efecto del dolor, que la segunda "V" le es aplicado en un seno. Las quemaduras producen su desmayo. Llevada a la cárcel de La Salpêtrière, la malhechora intenta en vano escaparse por la ventanilla de la puerta del carruaje.
Seis meses más tarde, la más famosa ladrona y estafadora de Europa, consigue evadirse de la cárcel, a pesar de la extrema vigilancia. Ayudada por una mano misteriosa, véanse varias, había salido de la cárcel vestida de hombre y en compañía de otra detenida, llegando por etapas hasta la ciudad de Ostende. Se reuniría finalmente en Londres con su marido, para retomar con más ahinco si cabe su carrera de ladrona.
Nuestra protagonista acabaría su vida del mismo modo que la empezó, en la más absoluta miseria, encarcelada, sin dinero, en una pestilente celda inglesa donde se pudriría hasta morirse.

El famoso collar de la Reina, obra de los joyeros Böhmer & Bassenge

María-Antonieta de Lorena-Austria, Reina de Francia, 1755-1793, junto a sus hijos

Jeanne de Valois de Saint-Rémy, Condesa de La Motte-Valois

14/02/2007 GMT 1

el carnicero de milwaukee

13021966 @ 03:55

e trata de un asesino en serie estadounidense cuyo perfil psicológico es prototípico del hombre
carente de todo aquello que hace tolerable llevar una existencia normal. Su actitud negativa le
impidió tener amigos, relaciones, trabajos, intereses, ocupaciones, dinero, esperanzas o
simplemente un lugar dónde vivir. Nunca llegó a socializarse y su cavernoso interior emocional
se fue degradando mientras llenaba ese enorme vacío de fantasmas.

Nació el 21 de mayo de 1960 en el hogar de un matrimonio problemático compuesto por un conocido
investigador químico y una neurótica emotiva y autocompasiva. Era un niño tímido y solitario que
temía el abandono y daba la impresión de estar desamparado.
El joven Jeffrey no hacía más que gritar pidiendo atención desde la temprana edad, aunque fuera
subconsciente. Pero esos gritos no fueron oídos por unos padres demasiado absortos en sus propias
guerras personales durante un amargo divorcio que dejó al niño con la sensación de ser abandonado.
Pronto se interesó por la anatomía animal. En el sótano de su casa guardaba un montón de huesos
de conejos, pollos y otros animales, sintiendo gran curiosidad por verlos dentro de los animales
vivos que manipulaba. Su familia cambió de vivienda seis veces antes de establecerse en 1968 en
Ohio. La mayor parte de su infancia la pasó escondido en un cobertizo de madera en una colina
cazando insectos en frascos y conservándolos en formol. Luego pasó a las ardillas, mapaches y
otras piezas más grandes, transportando los cuerpos hasta el bosque, donde los dejaba pudrirse.
Luego sumergía los restos en lejía para limpiar y blanquear sus huesos.

Su madre, tras una temporada en el hospital, tubo que guardar cama por el resto de sus días por
haber ingerido enormes cantidades de tranquilizantes y otras drogas, hecho que ensimismaría a
Dahmer en un aislamiento inquebrantable.
A los once años ya hablaba de manera monocorde. Se convirtió en un solitario, balando como una
oveja en el aula de clase o comportándose como un retrasado en las tiendas para llamar la
atención de sus compañeros. También comenzó a beber y a masturbarse compulsivamente utilizando
revistas para homosexuales o mirando las entrañas de los animales que cazaba. A los dieciséis
años solía ir borracho a clase, donde tenía un solo amigo que era proveedor de marihuana y con
quien se colocaba a diario. El joven se refería al alcohol como su "medicina", un tónico
autorrecetado con la intención de calmar sus momentos de angustia. Y ese alcohol a su vez,
alimentaba su inclinación hacia la excentricidad.
A los diecisiete años, tras observar un joven que a diario pasaba haciendo jogging delante de su
casa, sintió un deseo desenfrenado de poseerlo. Como no se atrevía a abordarlo para entablar una
conversación, optó por coger un bate de béisbol y se dispuso a esperarlo con la idea de atacarle
cuando pasara, pero afortunadamente el joven dejó de ir a correr por esa zona, salvándose de
haber sido una primera víctima del atormentado Jeffrey Dahmer.
Al año siguiente, su padre abandonó el hogar, y al poco tiempo, el 18 de junio, el chico se
venga recogiendo en la carretera a un autoestopista, a quién llevó a su casa y asesinó, luego
metió el cuerpo en un saco de basura y lo arrojó por un barranco.
Después de esto, entró en una crisis depresiva y renunció a seguir viviendo, pero su padre lo
envió a la Universidad. Allí también fue rechazado por su contínuo estado de embriaguez, y en
diciembre de 1978 su padre lo obliga a alistarse en el ejército, pero sus continuas borracheras
no cesan. Al licenciarse va a vivir con su abuela, en donde muestra una posible reinserción, pues
comienza a ir a la iglesia, a leer la Biblia e incluso reduce su dosis de alcohol y encuentra
trabajo en una fábrica...

Pero poco le duró esa vena. Al poco tiempo comenzó de nuevo a masturbarse insistentemente e
incluso robó un maniquí de una tienda, que le hacía las veces de compañero sexual. También empezó
a frecuentar las saunas de Milwaukee, en donde se daban cita algunos homosexuales para tener
relaciones anónimas e impersonales, pero le resultaba difícil conseguir la erección mientras sus
parejas estaban despiertas, por lo que optó por drogarlos con somníferos antes de mantener una
relación sexual. Después de esto, ninguno de sus amantes cuando volvían en sí querían volver a
saber más de él, por lo que creyó más oportuno buscar un cadáver para satisfacer sus instintos
sexuales.
Esa misma noche, tras asistir al funeral de un joven de dieciocho años, fue a desenterrarlo al
cementerio, pero no lo consiguió por que el suelo estaba congelado debido a las bajas
temperaturas.
En septiembre de 1986 es arrestado por exhibicionismo indecente y desembocó a su primer análisis
psicológico, siendo diagnosticada una personalidad peligrosa.
Un año después mataba por segunda vez. Esta vez se trataba de un joven negro al que ofreció una
bebida dopada. Dahmer se despertó al día siguiente encima de un cuerpo ensangrentado, pero afirma
no recordar nada de lo que pasó aquella noche. Lo que sí revive es cómo tras levantarse mete el
cadáver en el armario y sale a comprar una gran maleta para trasladar el cuerpo a casa de su
abuela. Allí cuenta que lo guardó en el sótano y lo desmembró, envolviendo la cabeza en una manta
y guardándola en una estantería para hervir más tarde el cráneo y blanquearlo.
Después de eso, Dahmer comienza a matar siempre que tenía ocasión. Seguía el mismo modus operandi:
primero el flirteo ofreciendo dinero a cambio de sexo, luego les ofrecía bebida con somnífero y
finalmente los estrangulaba. Después de matar a su víctima se quedaba abrazando el cadáver,
pensando en cómo conservar las cabezas y formar una especie de altar en la habitación adornado
con los huesos.
Dahmer seguía la predecible pauta de los asesinos en serie. Empezó matando cautelosamente
asustado por sus crímenes. Luego el ritmo aumenta y se convirtió en una máquina de matar más
efectiva. Está más que demostrado que estos asesinos con el tiempo se vuelven arrogantes y
despreocupados convencidos de que no pueden ser apresados por ningún ser mortal, creyendo tener
máximo poder y autoridad sobre los demás.
Dahmer mostraba muchas características de asesino organizado: acechaba a sus víctimas, les
engañaba para llevárselos a su apartamento con la promesa de dinero y favores y después de la
muerte ocultaba las pruebas de los crímenes, pero también daba muestras de ser un criminal
desorganizado: realizaba actos sexuales con sus víctimas después de la muerte, consumía su carne
y sangre, las mutilaba y conservaba algunas partes como recuerdos. Esta mezcla de delincuente
organizado y desorganizado es lo que se denomina un asesino "mixto".

En una ocasión, una de sus víctimas logró marcharse antes de que las drogas surtiesen efecto, y
la policía efectuó un registro de la casa, pero afirmaron no haber hallado nada...
El 30 de enero de 1989 fue declarado culpable de atentado contra el pudor en segundo grado, por
seducir a un menor de 13 años con propósitos indecentes, y antes de comenzar a cumplir la condena
de un año de cárcel, mató otro joven, guardó el cuerpo en el cuarto de baño y para su mayor
satisfacción sexual lo mutiló y le pintó el cráneo con aerosol.
En marzo de 1990 se trasladó a vivir a un deteriorado piso, en dónde adquirió una larga mesa y
dos grifos de plástico para extender los cuerpos de sus víctimas. Allí tomaba fotos de sus
amantes con una cámara Polaroid una vez muertos. Luego, congelaba los órganos, comía parte de la
carne y hervía el resto en una enorme olla antes de echarlos en un gran contenedor de basura
preparado con ácido.
Normalmente, el caníbal rajaba los cuerpos desde el cuello hasta la ingle frotando las vísceras
para procurarse un mayor placer sexual, pero llegó un momento en que este placer no era
suficiente y con sus víctimas pensó en crear "zombis" o muertos en vida que pudiera conservar sin
que se deteriorasen, agujereando los cráneos e inyectándoles un líquido.
A veces se bañaba en compañía de los cadáveres. En la nevera guardaba los corazones, en el
congelador las cabezas, en el fichero los cráneos y en la cama un cuerpo descompuesto. Así lo
contaron los policías que registraron su casa horrorizados una vez que lograron arrestarlo el 23
de julio tras la denuncia de otra víctima que logró fugarse de su casa.

El joven, atado con unas esposas, había alertado a la policía diciendo que un hombre con un
cuchillo le había amenazado con arrancarle y comerle el corazón.
Cuando la última víctima escapó de su apartamento en medio de la agresión, el asesino aguardó
tranquilamente a que llegara la policía y no hizo ningún esfuerzo por destruir u ocultar la gran
cantidad de pruebas que guardaba en su domicilio: centenares de fotografías de sus víctimas tanto
muertas como vivas, cráneos y partes del cuerpo en bidones, cajas y en el congelador.
Según su abogado, si no se había resistido es porque deseaba terminar con todo aquello. Deseaba
ofrecer a la policía una declaración completa de lo que había hecho, puesto que no podía culpar
a nadie salvo a él mismo.
Según Park Dietz, psiquiatra forense que actuó como consultor en el estudio sobre asesinos en
serie del FBI, Dahmer encaja perfectamente en la subcategoría que se denomina "marginal": una
persona propensa a la furia asesina si cree que está siendo abandonada, con una perversión capaz
de realizar actos sexuales con la víctima una vez muerta. El desorden de esta personalidad
marginal está marcada por el miedo al abandono y la incapacidad de tolerar el aislamiento o el
aburrimiento. Una teoría habitual es que puede relacionarse con abusos en la infancia. La gente
que teme el abandono puede sentirse ultrajada cuando alguien que desean que se quede va a
marcharse. En este sentido, el asesino en serie normal llega a serlo por su carácter antisocial
o por tener fallos de carácter y también a través de desviaciones sexuales, normalmente sádicas
y necrofílicas.

Muchos niños que no reciben la atención que ansían en casa, la buscan en la escuela. Dahmer lo
hizo con sus extravagancias y su comportamiento muchas veces cómico, pero terminó siendo
marginado. No sólo se sintió fracasado en su casa, también en la escuela, en la Universidad y en
el Ejército. Era evitado y humillado, puesto de lado. Eso debió dejarle con una terrible
sensación de angustia y desamparo. Por ese motivo proyectó sus sentimientos sobre sus víctimas.
Las humillaba, las descuartizaba y luego las dejaba de lado también.
El juicio comenzó el 27 de enero de 1992. Desde el principio quedó claro que le impulsaba un
trastorno mental, a pesar de que él hacía todo lo posible por disimular su trastorno.
Dahmer se mostró tan sincero y cooperador como muchos otros asesinos en serie, sin embargo ni él
mismo podía entender cómo había sido capaz de cometer todas aquellas atrocidades. Todos los
presentes pudieron darse cuenta de hasta qué punto sus compulsiones y fantasías se habían
apoderado de su mente, empujándole a seguir asesinato tras asesinato.
Después del veredicto habló por primera vez al tribunal diciendo "Señor juez, todo ha terminado.
Me siento muy mal por lo que hice a esas pobres familia y comprendo su merecido odio. Asumo toda
la culpa por lo que hice. He hecho daño a mi madre, a mi padre y a mi madrastra, pero les quiero
mucho."
El Carnicero de Milwaukee fue sentenciado a un mínimo de 900 años, pero murió en la cárcel en
1994 asesinado a golpes por un recluso. Tras la noticia, los padres de Dahmer se pelearon por la
posesión de su cerebro llegando incluso a enfrentarse ante los tribunales. La madre deseaba
vendérselo a un hospital de investigación mental, mientras que el padre sólo deseaba enterrarlo
lejos de todo el mundo y de su memoria.
También los parientes de sus víctimas, representados por un abogado, consiguieron hacer negocio
con los utensilios utilizados por el asesino para trocear y desangrar. Su nevera se subastó
públicamente, al igual que todo tipo de cuchillos, sierras, picadoras y taladros.
Un grupo de ciudadanos de Milwaukee compró el lote completo con intención de montar un "museo de
los horrores" para la atracción de los turistas, pero al final

EL SARGENTO LOCO

13021966 @ 03:53

el mas caso mas claro de un vampiro viviente registrado en Francia. El 10 de Julio de 1849 se
abrió una investigación ante un tribunal militar presidido por el coronel Manselon. Durante el
juicio al sargento Bertrand se le conoció como el "Vampiro".
Por muchos meses los cementerios de París y sus alrededores fueron asaltados por una ola de
violencia: Profanaciones espantosas, tumbas violadas, cadáveres esparcidos por el cementerio,
cuerpos mutilados...
A pesar de que se le tendieron varias trampas, el vampiro lograba escapar... Aun cuando sus
perseguidores hubieran logrado herirlo de gravedad. En su huida dejaba tras de si fragmentos de
uniforme militar. Se le descubrió cuando un soldado de su regimiento informo que "alguien" había
regresado después de la medianoche al hospital militar, con heridas de consideración.
El Sargento Bertrand fue juzgado y sentenciado a un año de prisión. En su defensa alego que "a
veces sentía una terrible necesidad de destruir y mutilar cadáveres", después de lo cual entraba
en coma.
Bertrand solía abrir el estomago de los cadáveres y se abrazaba a ellos. A veces los destruía
después. Este vampiro francés debió haber sido extraordinariamente fuerte, puesto que los
cementerios que asaltaba estaban protegidos por muros y las entradas se encontraban resguardadas
por puertas de hierro. No deja de ser extraño que cualquiera - espectro o vampiro viviente- fuera
capaz de continuar sus actos sin que nadie interfiriera.
Durante un tiempo el vampiro Bertrand gozo de cierta libertad para llevar a cabo sus
espeluznantes crímenes. Y, a fin de cuentas, la pena que se le asigno fue mínima.

EL MISTREIO DEL ANCIANO

13021966 @ 03:51

Nadie podía haberse imaginado que ese abuelito entrañable de más de 65 años, de rostro demacrado,
cuerpo encogido y fatigado, cabello y bigote gris, ojos tímidos podía esconder una personalidad
como la que revela su informe psiquiátrico: sadismo, masoquismo, castración y autocastración,
exhibicionismo, voyeurismo, pedofilia, homosexualidad, coprofagia, fetichismo, canibalismo e
hiperhedonismo.

Todo un "ogro", tal y como lo denomina la prensa...

Fish nace en 1870. En su familia existen numerosos antecedentes de perturbación mental, empezando
por su madre que oye voces por la calle y tiene alucinaciones, dos de sus tíos internados en un
psiquiátrico, un hermana demente, un hermano alcohólico, etc.
Desde muy niño se siente atraído por el sadomasoquismo, se divierte infligiendo dolor a los demás
y sobre todo a él mismo. Sigue con atención los artículos de crímenes en la prensa, y colecciona
sobre todo aquellos de los asesinos en serie caníbales, con los que se siente identificado.
A los veinte años mantiene relaciones homosexuales y ejerce la prostitución homosexual en
Washington, en dónde viola a un niño y asesina a su primera víctima.

En esa época comienza a sufrir alucinaciones de tipo religioso y vive obsesionado con la idea del
pecado, creyendo que la única forma posible de expiación es a través del sacrificio personal y
el dolor. Él mismo se inflige castigos masoquistas automutilándose, frotando por su cuerpo
desnudo rosas con espinas, hundiéndose agujas de marinero en la pelvis y en los órganos
genitales... en una ocasión es sorprendido en su habitación completamente desnudo, masturbándose
con una mano y con la otra golpeándose la espalda con un palo del que sobresalen unos clavos. A
cada golpe grita de dolor, mientras la sangre se desliza por sus nalgas.

En alguna ocasión afirma ser Jesucristo, que san Juan le habla y que el mismo Dios le ordena
cometer sacrificios humanos.
"Escuchaba voces que me decían cosas y, cuando no las comprendía todas, trataba de interpretarlas
con mis lecturas de la Biblia... entonces supe que debería ofrecer uno de mis hijos en sacrificio
para purificarme a los ojos de Dios de las abominaciones y los pecados que he cometido. Tenía
visiones de cuerpos torturados en cualquier lugar del Infierno..."
Oficialmente, fue detenido ocho veces: la primera por tentativa de estafa, luego por robo, por
pago con cheques sin fondos, por cartas obscenas a los anuncios de agencias matrimoniales de los
periódicos...
Lo internan tres veces en un hospital psiquiátrico, dejándolo salir al poco tiempo en cada
ocasión tras considerar que no es peligroso ni está loco, sino que simplemente sufre una
personalidad psicopática de carácter sexual. El propio Fish lo reconocería: "No soy un demente,
sólo soy un excéntrico. A veces ni yo mismo me comprendo".

A pesar de todos estos delitos, la policía neoyorquina tardaría nada menos que seis años para
poder inculparlo por asesinato. Lo logra a través de una carta de Fish enviada a la madre de la
víctima que había secuestrado, en dónde le cuenta sus aficiones por el canibalismo y cómo se
decidió a probar carne humana por primera vez... con el cuerpo de su hija:
"...Decidí comérmela. La llevé a una casa abandonada en Westchester en la que me había fijado. En
el primer piso me desvestí completamente para evitar manchas de sangre. Cuando me vio desnudo se
echó a llorar y quiso huir, pero la alcancé. La desnudé, se defendió mucho, me mordió y me hizo
algunos rasguños. La estrangulé antes de cortarla en pedacitos para llevarme a casa toda su carne,
cocinarla y comérmela. No pueden imaginar cuán tierno y sabroso estaba su culito asado. Tardé
nueve días en comérmela por completo. No me la tiré, aunque hubiese podido hacerlo de haberlo
querido, murió virgen".

Una vez detenido, se confiesa además autor de otros muchos crímenes y demás aberraciones que
había estado llevando a cabo durante toda su vida: su deseo irresistible de comer carne cruda
las noches de luna llena, que le valdría el apodo de "el Maníaco de la Luna", sus crímenes más
atroces, algún acto de vampirismo como el caso de un niño de 4 años al que flageló hasta que la
sangre resbalaba por sus piernas, luego le cortó las orejas, la nariz y los ojos, le abrió el
vientre y recogió su sangre para bebérsela a continuación, además de desmembrarlo y prepararse
un estofado con las partes más tiernas. También narra la historia de un joven vagabundo al que
obligó a realizar toda clase de actos sádicos, masoquistas y coprófagos durante dos semanas,
además de cortarle las nalgas en varias ocasiones para beber su sangre. Finalmente intenta
cortarle el pene con unas tijeras, pero cambia de opinión al ver el sufrimiento del chico y
arrepentido le da diez dólares dejándolo huir...

Estas declaraciones acerca de sus víctimas le cuestan a Fish la sentencia de culpable por
crímenes con premeditación tras diagnosticarlo psicótico, pero cuerdo.
Es condenado a la silla eléctrica y ejecutado en la prisión de Sing Sing el 16 de enero de 1936.
Su sorprendente reacción después de ayudar a los guardias a colocarle los electrodos, fue la de
exclamar entusiasmado: "Que alegría morir en la silla eléctrica. Será el último escalofrío. El
único que todavía no he experimentado..."
Albert Fish se llevaría a la tumba su mayor secreto, el número de personas que habría asesinado.
Cuando se le preguntaba por la cifra exacta, respondía sonriendo: "Por lo menos cien".
Las opiniones de los psicólogos son contrastadas en ese aspecto, unos hablan de varios centenares
de víctimas, mientras que otros estiman que no hubo más de cincuenta. Finalmente se le acusa de
haber asesinado un total de 15 niños, la gran mayoría procedentes de las capas más pobres de la
población.

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